Since I`ve been loving you Enamorada del mismo hombre. Aquel que dejé, aquel que aún me ama con despecho. 20 días viví de manera incierta y pensé que moría poco a poco, sin embargo sobreviví.  Cuántos ocasos me perdí por no saber decir te necesito. De cuántos besos y caricias hemos prescindido tan sólo por no volver a un encuentro de aquellos. Éramos dueños del mundo, todo nos parecía mínimo incluso el amor que sentíamos. Queríamos más y fallamos. Nos atormentó el futuro por separados y aquí estamos. Sin vernos ni en sueños, pero sí pensándonos, recordándonos y extrañándonos hasta más no poder. Quisiera volver el tiempo atrás y decirte cuánto te amo. Fuimos tan felices… y todo acabó de la peor manera. Aún guardo la esperanza de reencontrarnos en el lugar más recóndito del mundo. Quisiera romper esa guitarra sobre tu cabeza y decirte que estás maldecido. Pero nada me importa más que tú… aunque hoy, lo desconozcas. Tantos besos repartidos y nada logra quitarte de mí. Te amé como nunca antes y hoy, te odio como a nadie, pero espero que seas feliz. Quizás sigas siendo aquel solitario que conocí hace más de 3 años. Quizás sigas siendo ese niño que fuiste. Quizás me sigas amando como ayer. Quizás me odies como nunca nadie lo hizo… y quizás aún esté esperando por ti.

Since I`ve been loving you

Enamorada del mismo hombre. Aquel que dejé, aquel que aún me ama con despecho. 20 días viví de manera incierta y pensé que moría poco a poco, sin embargo sobreviví. 

Cuántos ocasos me perdí por no saber decir te necesito. De cuántos besos y caricias hemos prescindido tan sólo por no volver a un encuentro de aquellos.

Éramos dueños del mundo, todo nos parecía mínimo incluso el amor que sentíamos. Queríamos más y fallamos. Nos atormentó el futuro por separados y aquí estamos. Sin vernos ni en sueños, pero sí pensándonos, recordándonos y extrañándonos hasta más no poder.

Quisiera volver el tiempo atrás y decirte cuánto te amo. Fuimos tan felices… y todo acabó de la peor manera.

Aún guardo la esperanza de reencontrarnos en el lugar más recóndito del mundo. Quisiera romper esa guitarra sobre tu cabeza y decirte que estás maldecido. Pero nada me importa más que tú… aunque hoy, lo desconozcas.

Tantos besos repartidos y nada logra quitarte de mí.

Te amé como nunca antes y hoy, te odio como a nadie, pero espero que seas feliz. Quizás sigas siendo aquel solitario que conocí hace más de 3 años. Quizás sigas siendo ese niño que fuiste. Quizás me sigas amando como ayer. Quizás me odies como nunca nadie lo hizo… y quizás aún esté esperando por ti.

Mercy Luego de un par de años, el destino y el azar jugaron sus más óptimas cartas. El juego se llamaba amor. Los participantes siempre fueron los mismos, sin embargo, el tiempo se encargó en hacer de la espera, un largo camino por recorrer. Él allá y ella aquí. Él en Martes y ella en venus. Ambos parecían distantes y lejanos. Odiándose, queriendo olvidar y no dar pie atrás. Él entró en sus dudas, en aquellas sombras que se fundían con la fémina figura. La vida se encargó de reunir esas almas cansadas de vagar por lugares recónditos y místicos, siempre recordándoles que ambos se encontrarían en algún lugar. Aquella tarde de Agosto solía pasar sin dejar huella alguna. La tarde era inmensa, perpetua, finita. El invierno y sus crepúsculos quedaban atrás, mientras que el sol asomaba sus ocasos rebosantes de locura y algo más. Las horas se tornaron en minutos y éstos, en segundos. El destino los juntaba nuevamente sin previo aviso. Esa mirada pudiente de sentimientos; ese beso copioso de deseo y ese roce exuberantemente pasional, fueron la tónica del trago más dulce de la historia. Un par de tontos quisieron jugar a hacerse daño, pero esta vez en conjunto. El juego del amor recién comienza…So, ¿You want a play with me? ¿Want to risk? Adelante, las puertas están abiertas y mis brazos, también.

Mercy

Luego de un par de años, el destino y el azar jugaron sus más óptimas cartas. El juego se llamaba amor. Los participantes siempre fueron los mismos, sin embargo, el tiempo se encargó en hacer de la espera, un largo camino por recorrer.

Él allá y ella aquí. Él en Martes y ella en venus. Ambos parecían distantes y lejanos. Odiándose, queriendo olvidar y no dar pie atrás.

Él entró en sus dudas, en aquellas sombras que se fundían con la fémina figura. La vida se encargó de reunir esas almas cansadas de vagar por lugares recónditos y místicos, siempre recordándoles que ambos se encontrarían en algún lugar.

Aquella tarde de Agosto solía pasar sin dejar huella alguna. La tarde era inmensa, perpetua, finita. El invierno y sus crepúsculos quedaban atrás, mientras que el sol asomaba sus ocasos rebosantes de locura y algo más.

Las horas se tornaron en minutos y éstos, en segundos. El destino los juntaba nuevamente sin previo aviso. Esa mirada pudiente de sentimientos; ese beso copioso de deseo y ese roce exuberantemente pasional, fueron la tónica del trago más dulce de la historia.

Un par de tontos quisieron jugar a hacerse daño, pero esta vez en conjunto. El juego del amor recién comienza…So, ¿You want a play with me? ¿Want to risk?

Adelante, las puertas están abiertas y mis brazos, también.

Go away Mañana despertaré y tú no estarás. Tu ausencia fue una espera sin esperanza y hoy debes marchar. El destino juntó dos seres cansados de andar sin más, la vida unió dos corazones podridos de latir pero que sin embargo siguen con vida, hoy, más vivos que nunca. Septiembre; abandonas el ocaso otoñal y observas a las flores renacer, olvidas las tardes taciturnas sin rencor, observas la noche caer y te entregas al cielo infinito. Bellos acordes rebosantes de melodías mágicas que empapan tu ser, con un sin fin de emociones, te estremeces, desesperas y calmas.  Mientras tu sabor siga en mis besos, en cuanto tus manos recorran mi cuerpo, aunque tu aroma vuele lejos de aquí, tu presencia seguirá junto a mí.  Mi mente esbozará una representación de tu cuerpo, mis ojos la verán, mi piel la rozará, mis labios la besarán y todo mi cuerpo te extrañará. Si tu ida no contempla un retorno, adelante. Olvídame y te olvidaré, no me ames y no te amaré, no me recuerdes y no te recordaré, pero no me pidas que no vuelva a sentirte. Te siento, aquí, ahora y siempre…

Go away

Mañana despertaré y tú no estarás. Tu ausencia fue una espera sin esperanza y hoy debes marchar. El destino juntó dos seres cansados de andar sin más, la vida unió dos corazones podridos de latir pero que sin embargo siguen con vida, hoy, más vivos que nunca.

Septiembre; abandonas el ocaso otoñal y observas a las flores renacer, olvidas las tardes taciturnas sin rencor, observas la noche caer y te entregas al cielo infinito.

Bellos acordes rebosantes de melodías mágicas que empapan tu ser, con un sin fin de emociones, te estremeces, desesperas y calmas. 

Mientras tu sabor siga en mis besos, en cuanto tus manos recorran mi cuerpo, aunque tu aroma vuele lejos de aquí, tu presencia seguirá junto a mí. 

Mi mente esbozará una representación de tu cuerpo, mis ojos la verán, mi piel la rozará, mis labios la besarán y todo mi cuerpo te extrañará.

Si tu ida no contempla un retorno, adelante. Olvídame y te olvidaré, no me ames y no te amaré, no me recuerdes y no te recordaré, pero no me pidas que no vuelva a sentirte. Te siento, aquí, ahora y siempre…

Al caer la noche Por Tamara Peralta. Vivía en San Andrés de Pica, en la región de Tarapacá junto a mi madre y mi hermano Luis. Era un conventillo en donde se podía observar la eterna pampa, el sol como única luz que resplandecía en el horizonte y las nubes que creaban arreboles de esperanza. Luchín jugaba con tierra en el pasaje central. Me sonreía constantemente. Esperábamos con ansias que mi padre llegara a nuestro modesto hogar. Él cambiaba las fichas que recibía como sueldo en las salitreras; eso nos permitía ir a las pulperías y alimentar a mi hermanito, luego velábamos por nosotros, los adultos. Hace un tiempo atrás, todo prosperaba y eso nos hizo especular respecto al presente. Las salitreras daban un gran abasto en la economía nacional, lo cual permitía que las familias nortinas de clase obrera, viviéramos con lo necesario y algo más. Lamentablemente hoy, la situación era distinta. Luego de la Primera Guerra Mundial, los alemanes inventaron el salitre sintético y eso hizo que la producción nacional cayera abruptamente. Nuestra posterior condición social fue distinta a la que esperábamos. Hoy debíamos adaptarnos a la situación y prepararnos para una eventual caída. El dinero escaseaba, al parecer el mundo entero estaba sumido en una tremenda crisis económica; al menos eso escuché por la radio. Mientras tanto estaba sentada, pensaba en mi padre y en un futuro no muy próspero. Era una tarde soleada. La pampa era infinita e inmensa y yo en medio de la nada, esperando tan sólo vivir. El viento golpeó mi cara fuertemente y eso me hizo reaccionar. Entonces desperté del silencio que me acorralaba y me dirigí hacia mi madre. La vi llorando. ¿Qué te pasa? Le pregunté. Ella me miró desconsolada. Sus ojos expresaban dolor y preocupación. Su boca estaba seca, su piel manchada por el sol, entonces me dijo; llegó una carta de tu padre. Me escribió desde la salitrera. Las exportaciones del salitre han disminuido y hubo una gran reducción del personal obrero, entre ellos, tu padre. Dice que no podrá venir por nosotras hasta un tiempo más, mientras tanto él verá cómo se las arreglará. La miré fijamente, entonces comprendí la situación. Vivíamos en condiciones precarias, mi padre era quien mantenía la familia, mi madre se preocupaba de criar a mi hermano y mantener en pie nuestro hogar. En aquel entonces las mujeres no podíamos pedir más. Prescindíamos de lo político y económico, de lo nacional en general. No éramos actores sociales, nuestra opinión importaba bien poco, no teníamos participación política y por ende nuestra condición en torno a lo social no era relevante. Mi hermanito, por otro lado, tenía tan sólo 1 año de vida e intentábamos conseguir la oportunidad de que éste fuera distinto a nosotros los obreros, pero con ésta noticia las cosas cambiaban radicalmente. Estábamos acabados. Mi padre vivía en torno a la zona productora del salitre, La Palma. Él nos decía que su entorno no era apto para nuestra familia; abundaban los abusos y las meretrices. Es por esto que nos encontrábamos a una distancia prudente. Pero entonces, ¿Qué íbamos a hacer? Él estaba lejos y nosotras esperábamos su llegada. Era una injusticia. Luchábamos por mantenernos en pie, mientras que los ricos acumulaban riquezas gracias al trabajo de los pobres. Los ingleses habían sido unos oportunistas y gracias a ello hoy tenían pleno control de nuestro territorio. Paralelamente en Santiago y sectores aledaños a él, sufrían altercados políticos y sociales. Había una inestabilidad tremenda y eso generaba descontentos sociales, lo cual intensificaba las protestas y las huelgas. Por otro lado, estaba el gobierno, el cual no hacía más que reprimir las acciones y opiniones vertidas por la población, abusaban constantemente del poder y pasaban a llevar al individuo. Eso me parecía una infamia, una iniquidad en torno a aquellos que deseaban gobernarnos y entregarnos una supuesta mejoría, pero estaba claro, el hambre era de poder. Hoy no teníamos esperanza alguna y estábamos recién empezando. Miraba mí alrededor, mi madre y su rostro cansado, intentaba parecer sensata ante nosotros pero estaba sin aguardo alguno. Mi hermano no merecía quedar sumido en pleno desierto sin más. El conventillo estaba compuesto de una diversidad de personas, el hecho de que nuestras casas y nuestras vidas estuvieran a diario tan apegadas hacía la convivencia algo difícil, pero intentábamos hacer lo mejor posible. Mi madre prefería no vertir comentario alguno de nadie, pero no faltaban los rumores. Al final del pasaje vivía una familia de esas que tiene un mal vivir, eran 4 hermanas. Tenían mala reputación, las llamaban inmorales, pero desconocía el por qué. Al parecer contaban con dinero, se les veía bien vestidas y siempre con extranjeros. Me encontraba atormentada y por ello decidí arrancar y caminé cerca de 20 minutos sin rumbo alguno. Entonces quise retornar a mi entorno habitual. Estaba preocupada, no sabía cómo enfrentar la situación. Era una chica de 16 años, me gustaba leer sobre personajes justicieros, novelas que aludieran a lo social y a nuestros derechos. En cuanto a lo físico, mi pelo era ondulado y largo, mis labios; carnosos y rojos. Mi tono de piel era mate, pero el sol me había vuelto morena. Mis ojos expresaban una inocencia salvaje, mi caminar era audaz y mi ritmo era acorde a las sensaciones que escaseaban en mí imaginación. Pensaba en cómo seguir adelante y durante mi regreso tropecé con una de esas 4 mujeres. Era maciza, de senos grandes. Me dijo; tan linda y tan sola, creo haberte visto por el conventillo, mi nombre es Marta, ¿qué te pasa? Necesitaba alguien en quien confiar, entonces, le conté. El silencio y su mirada penetraron en la mía, me compadeció y me dijo que me esperaba a las 10 de la noche al final del conventillo caminando hacia la costa. Esta mujer parecía preocupada, según mi opinión no era una mala persona, pero la gente era prejuiciosa. No lo pensé más y decidí asistir a ése encuentro. Eran las 6 de la tarde. Volví a mi hogar, mi madre estaba dándole de comer a mi hermano. Me dirigí a mi dormitorio, conseguí un lavatorio, lavé mis manos y mi rostro. Luego comencé a cepillar mi cabello. Al cabo de un rato, esperé que mi madre se durmiera y entonces salí. Faltaba media hora para el encuentro acordado con ésa mujer, esperaba su ayuda. Comencé a caminar hacia el lugar pactado y ahí la divisé a lo lejos. Apuré el paso y entonces la encontré. Ella estaba fumando y vestía ropas ajustadas a su figura. Dentro de su casa se sentían risotadas de mujeres y hombres. Hola, le dije, aquí estoy. Me miró y me dijo; te tengo una propuesta. Es harta plata y podrás alimentar a tu familia, no necesitarás de tu padre. Acompáñame, te presentaré a unos hombres. Debes ser coqueta y beber lo que te den. Mientras tanto yo, desconcertada, asentí. Entré a la casa y me sentí observada, al instante se me acercó un hombre mayor, era extranjero, tenía unos hermosos ojos azules y me invitó a beber con él. Bebí cerca de 3 vasos, creo que de agua ardiente. Me sentí mareada, confundida y entonces caí. Al parecer el extranjero se encargó de mí, el trago me desinhibió y pasamos la noche juntos. Desperté al amanecer. Estaba desnuda, la cama deshecha y sobre un velador un montón de billetes extranjeros, fichas y una nota. Ésta última decía “por una noche que jamás olvidaré. Thomas” No entendía nada, el trago me hizo olvidar lo que había sucedido y no terminé muy bien. Histérica me dirigí hacia una de estas mujeres. Le pregunté a Marta qué había pasado, por qué tenía tanto dinero. Ella me dijo; tú necesitabas la plata y ahí está. Lo hiciste muy bien, el inglés quedó contento, quiere verte otra ves esta noche. Eres una puta en bruto, te vamos a pulir. Salí corriendo de aquel lugar, me sentía sucia e inmoral, nosé con que cara miraría a mi madre, el tan solo hecho de pensar en ella y en mi padre me aterraba. Entonces apareció Marta e intentó tranquilizarme. Conversamos y finalmente accedí. No quería mirar atrás, no quería volver a la miseria. Tenía 16 años, mi familia era pobre, ¿Qué podía esperar de mi futuro? Y así, aquel momento se convirtió en el principio del fin. Pasaron 3 años después de ese evento. Era abril de 1931. He sido una vil puta. Me convertí en una alcohólica para olvidar, abandoné a mi familia por necesidad y no fui capaz de retribuir aquello que me entregaron. No poseía valor alguno. Me sentía indecorosa, pero conseguí lo que quería; dinero. De alguna forma, debía seguir adelante. Mis clientes en su mayoría, extranjeros, comentaban la crisis pasada de 1929 y cómo ésta había afectado a nuestro país. También hablaban de política, de los gobiernos de turno, cuál era el rol del estado en la economía. Estos asiduos eran los directivos de las empresas del salitre, tenían gran poder adquisitivo, tenían contactos en Europa y por lo mismo comentaban junto a unos tragos el acontecer seglar. Ellos pasaban gran parte de su tiempo en esta casa. Mientras yo los atendía, uno de ellos comentó que el gobierno actual de nuestro país tenía un gran nivel de endeudamiento público y una errada política monetaria frente a la crisis, lo cual llevaría a un colapso fiscal, productivo y financiero. Gran parte de la sociedad nortina no tenía en dónde alojar y es por ello que Ibáñez del Campo implementaría comités de ayuda a los cesantes afectados por la crisis. Hablaban también que el salitre había llegado a su fin y que los obreros pertenecientes a ésta área debían emigrar a zonas más centrales para trabajar la tierra en algún latifundio. Entonces pensé en los míos y los interrumpí. Les pregunté si aquellas personas que conformaban el gobierno se instalarían con ollas comunes a repartir comida. Eso me hizo reflexionar en las condiciones socioeconómicas por las cuales estaba pasando mi familia y todos los obreros que habían quedado cesantes, ¿acaso emigrarían a Santiago o más al sur? A la mañana siguiente, me levanté temprano y fui a ver qué pasaba mientras estábamos en el pleno auge de la crisis. Me cubrí el rostro y salí. Pasé por mi antiguo hogar y noté la ausencia de población que alguna vez habitó ése lugar. A lo lejos, vi una gran cantidad de personas enfiladas esperando por comida. A su vez divisé una mujer de pelo negro, su rostro estaba manchado por el sol y sostenía a un niño de al menos 3 años. Éste era moreno y estaba rechoncho. Sus rostros me parecían conocidos. Era mi madre y mi hermanito Luchín. Más adelante estaba mi padre, éste se veía cansado, los años lo tenían consumido. Él estaba recibiendo comida. Rápidamente me escondí cerca de unos sacos de caliche que habían por ahí, entonces pasó una señora de edad y le pregunté por las casitas que abundaban en esa zona, las que al parecer, estaban abandonadas. Me dijo que éstas habían sido quitadas por sus dueños y que el gobierno estaba preocupado de albergar a esas familias que no tenían dónde vivir o al menos enviarlos a cuevas aledañas a los cerros y edificar espontáneamente algún tipo de vivienda. Me sentía devastada, pero no pensaba en mirar atrás. Decidí volver a la remolienda, pasé por mi antiguo hogar y recordé ésa tarde soleada, la pampa infinita e inmensa y yo en medio de la nada, esperando tan sólo vivir. Cerré mis ojos y nuevamente el viento golpeó mi cara fuertemente y eso me hizo reaccionar, pero esta vez, mi suerte había cambiado, el destino tenía escrito otro cuento para mí.

Al caer la noche

Por Tamara Peralta.

Vivía en San Andrés de Pica, en la región de Tarapacá junto a mi madre y mi hermano Luis. Era un conventillo en donde se podía observar la eterna pampa, el sol como única luz que resplandecía en el horizonte y las nubes que creaban arreboles de esperanza.


Luchín jugaba con tierra en el pasaje central. Me sonreía constantemente. Esperábamos con ansias que mi padre llegara a nuestro modesto hogar. Él cambiaba las fichas que recibía como sueldo en las salitreras; eso nos permitía ir a las pulperías y alimentar a mi hermanito, luego velábamos por nosotros, los adultos. Hace un tiempo atrás, todo prosperaba y eso nos hizo especular respecto al presente. Las salitreras daban un gran abasto en la economía nacional, lo cual permitía que las familias nortinas de clase obrera, viviéramos con lo necesario y algo más. Lamentablemente hoy, la situación era distinta. Luego de la Primera Guerra Mundial, los alemanes inventaron el salitre sintético y eso hizo que la producción nacional cayera abruptamente. Nuestra posterior condición social fue distinta a la que esperábamos. Hoy debíamos adaptarnos a la situación y prepararnos para una eventual caída.


El dinero escaseaba, al parecer el mundo entero estaba sumido en una tremenda crisis económica; al menos eso escuché por la radio. Mientras tanto estaba sentada, pensaba en mi padre y en un futuro no muy próspero.
Era una tarde soleada. La pampa era infinita e inmensa y yo en medio de la nada, esperando tan sólo vivir. El viento golpeó mi cara fuertemente y eso me hizo reaccionar.


Entonces desperté del silencio que me acorralaba y me dirigí hacia mi madre. La vi llorando. ¿Qué te pasa? Le pregunté. Ella me miró desconsolada. Sus ojos expresaban dolor y preocupación. Su boca estaba seca, su piel manchada por el sol, entonces me dijo; llegó una carta de tu padre. Me escribió desde la salitrera. Las exportaciones del salitre han disminuido y hubo una gran reducción del personal obrero, entre ellos, tu padre. Dice que no podrá venir por nosotras hasta un tiempo más, mientras tanto él verá cómo se las arreglará. La miré fijamente, entonces comprendí la situación. Vivíamos en condiciones precarias, mi padre era quien mantenía la familia, mi madre se preocupaba de criar a mi hermano y mantener en pie nuestro hogar. En aquel entonces las mujeres no podíamos pedir más. Prescindíamos de lo político y económico, de lo nacional en general. No éramos actores sociales, nuestra opinión importaba bien poco, no teníamos participación política y por ende nuestra condición en torno a lo social no era relevante. Mi hermanito, por otro lado, tenía tan sólo 1 año de vida e intentábamos conseguir la oportunidad de que éste fuera distinto a nosotros los obreros, pero con ésta noticia las cosas cambiaban radicalmente. Estábamos acabados.


Mi padre vivía en torno a la zona productora del salitre, La Palma. Él nos decía que su entorno no era apto para nuestra familia; abundaban los abusos y las meretrices. Es por esto que nos encontrábamos a una distancia prudente. Pero entonces, ¿Qué íbamos a hacer? Él estaba lejos y nosotras esperábamos su llegada. Era una injusticia. Luchábamos por mantenernos en pie, mientras que los ricos acumulaban riquezas gracias al trabajo de los pobres. Los ingleses habían sido unos oportunistas y gracias a ello hoy tenían pleno control de nuestro territorio. Paralelamente en Santiago y sectores aledaños a él, sufrían altercados políticos y sociales. Había una inestabilidad tremenda y eso generaba descontentos sociales, lo cual intensificaba las protestas y las huelgas. Por otro lado, estaba el gobierno, el cual no hacía más que reprimir las acciones y opiniones vertidas por la población, abusaban constantemente del poder y pasaban a llevar al individuo. Eso me parecía una infamia, una iniquidad en torno a aquellos que deseaban gobernarnos y entregarnos una supuesta mejoría, pero estaba claro, el hambre era de poder.


Hoy no teníamos esperanza alguna y estábamos recién empezando. Miraba mí alrededor, mi madre y su rostro cansado, intentaba parecer sensata ante nosotros pero estaba sin aguardo alguno. Mi hermano no merecía quedar sumido en pleno desierto sin más.


El conventillo estaba compuesto de una diversidad de personas, el hecho de que nuestras casas y nuestras vidas estuvieran a diario tan apegadas hacía la convivencia algo difícil, pero intentábamos hacer lo mejor posible. Mi madre prefería no vertir comentario alguno de nadie, pero no faltaban los rumores. Al final del pasaje vivía una familia de esas que tiene un mal vivir, eran 4 hermanas. Tenían mala reputación, las llamaban inmorales, pero desconocía el por qué. Al parecer contaban con dinero, se les veía bien vestidas y siempre con extranjeros.


Me encontraba atormentada y por ello decidí arrancar y caminé cerca de 20 minutos sin rumbo alguno. Entonces quise retornar a mi entorno habitual. Estaba preocupada, no sabía cómo enfrentar la situación. Era una chica de 16 años, me gustaba leer sobre personajes justicieros, novelas que aludieran a lo social y a nuestros derechos. En cuanto a lo físico, mi pelo era ondulado y largo, mis labios; carnosos y rojos. Mi tono de piel era mate, pero el sol me había vuelto morena. Mis ojos expresaban una inocencia salvaje, mi caminar era audaz y mi ritmo era acorde a las sensaciones que escaseaban en mí imaginación.


Pensaba en cómo seguir adelante y durante mi regreso tropecé con una de esas 4 mujeres. Era maciza, de senos grandes. Me dijo; tan linda y tan sola, creo haberte visto por el conventillo, mi nombre es Marta, ¿qué te pasa?


Necesitaba alguien en quien confiar, entonces, le conté. El silencio y su mirada penetraron en la mía, me compadeció y me dijo que me esperaba a las 10 de la noche al final del conventillo caminando hacia la costa. Esta mujer parecía preocupada, según mi opinión no era una mala persona, pero la gente era prejuiciosa. No lo pensé más y decidí asistir a ése encuentro.


Eran las 6 de la tarde. Volví a mi hogar, mi madre estaba dándole de comer a mi hermano. Me dirigí a mi dormitorio, conseguí un lavatorio, lavé mis manos y mi rostro. Luego comencé a cepillar mi cabello. Al cabo de un rato, esperé que mi madre se durmiera y entonces salí.


Faltaba media hora para el encuentro acordado con ésa mujer, esperaba su ayuda. Comencé a caminar hacia el lugar pactado y ahí la divisé a lo lejos. Apuré el paso y entonces la encontré. Ella estaba fumando y vestía ropas ajustadas a su figura. Dentro de su casa se sentían risotadas de mujeres y hombres.


Hola, le dije, aquí estoy. Me miró y me dijo; te tengo una propuesta. Es harta plata y podrás alimentar a tu familia, no necesitarás de tu padre. Acompáñame, te presentaré a unos hombres. Debes ser coqueta y beber lo que te den. Mientras tanto yo, desconcertada, asentí. Entré a la casa y me sentí observada, al instante se me acercó un hombre mayor, era extranjero, tenía unos hermosos ojos azules y me invitó a beber con él. Bebí cerca de 3 vasos, creo que de agua ardiente. Me sentí mareada, confundida y entonces caí. Al parecer el extranjero se encargó de mí, el trago me desinhibió y pasamos la noche juntos. Desperté al amanecer.

Estaba desnuda, la cama deshecha y sobre un velador un montón de billetes extranjeros, fichas y una nota. Ésta última decía “por una noche que jamás olvidaré. Thomas”


No entendía nada, el trago me hizo olvidar lo que había sucedido y no terminé muy bien. Histérica me dirigí hacia una de estas mujeres. Le pregunté a Marta qué había pasado, por qué tenía tanto dinero. Ella me dijo; tú necesitabas la plata y ahí está. Lo hiciste muy bien, el inglés quedó contento, quiere verte otra ves esta noche. Eres una puta en bruto, te vamos a pulir.


Salí corriendo de aquel lugar, me sentía sucia e inmoral, nosé con que cara miraría a mi madre, el tan solo hecho de pensar en ella y en mi padre me aterraba. Entonces apareció Marta e intentó tranquilizarme. Conversamos y finalmente accedí. No quería mirar atrás, no quería volver a la miseria. Tenía 16 años, mi familia era pobre, ¿Qué podía esperar de mi futuro? Y así, aquel momento se convirtió en el principio del fin.


Pasaron 3 años después de ese evento. Era abril de 1931. He sido una vil puta. Me convertí en una alcohólica para olvidar, abandoné a mi familia por necesidad y no fui capaz de retribuir aquello que me entregaron. No poseía valor alguno. Me sentía indecorosa, pero conseguí lo que quería; dinero. De alguna forma, debía seguir adelante.


Mis clientes en su mayoría, extranjeros, comentaban la crisis pasada de 1929 y cómo ésta había afectado a nuestro país. También hablaban de política, de los gobiernos de turno, cuál era el rol del estado en la economía. Estos asiduos eran los directivos de las empresas del salitre, tenían gran poder adquisitivo, tenían contactos en Europa y por lo mismo comentaban junto a unos tragos el acontecer seglar. Ellos pasaban gran parte de su tiempo en esta casa. Mientras yo los atendía, uno de ellos comentó que el gobierno actual de nuestro país tenía un gran nivel de endeudamiento público y una errada política monetaria frente a la crisis, lo cual llevaría a un colapso fiscal, productivo y financiero. Gran parte de la sociedad nortina no tenía en dónde alojar y es por ello que Ibáñez del Campo implementaría comités de ayuda a los cesantes afectados por la crisis. Hablaban también que el salitre había llegado a su fin y que los obreros pertenecientes a ésta área debían emigrar a zonas más centrales para trabajar la tierra en algún latifundio.



Entonces pensé en los míos y los interrumpí. Les pregunté si aquellas personas que conformaban el gobierno se instalarían con ollas comunes a repartir comida. Eso me hizo reflexionar en las condiciones socioeconómicas por las cuales estaba pasando mi familia y todos los obreros que habían quedado cesantes, ¿acaso emigrarían a Santiago o más al sur?


A la mañana siguiente, me levanté temprano y fui a ver qué pasaba mientras estábamos en el pleno auge de la crisis. Me cubrí el rostro y salí.
Pasé por mi antiguo hogar y noté la ausencia de población que alguna vez habitó ése lugar.


A lo lejos, vi una gran cantidad de personas enfiladas esperando por comida. A su vez divisé una mujer de pelo negro, su rostro estaba manchado por el sol y sostenía a un niño de al menos 3 años. Éste era moreno y estaba rechoncho. Sus rostros me parecían conocidos. Era mi madre y mi hermanito Luchín. Más adelante estaba mi padre, éste se veía cansado, los años lo tenían consumido. Él estaba recibiendo comida. Rápidamente me escondí cerca de unos sacos de caliche que habían por ahí, entonces pasó una señora de edad y le pregunté por las casitas que abundaban en esa zona, las que al parecer, estaban abandonadas. Me dijo que éstas habían sido quitadas por sus dueños y que el gobierno estaba preocupado de albergar a esas familias que no tenían dónde vivir o al menos enviarlos a cuevas aledañas a los cerros y edificar espontáneamente algún tipo de vivienda.


Me sentía devastada, pero no pensaba en mirar atrás. Decidí volver a la remolienda, pasé por mi antiguo hogar y recordé ésa tarde soleada, la pampa infinita e inmensa y yo en medio de la nada, esperando tan sólo vivir. Cerré mis ojos y nuevamente el viento golpeó mi cara fuertemente y eso me hizo reaccionar, pero esta vez, mi suerte había cambiado, el destino tenía escrito otro cuento para mí.

30-06-2011 “Es mentira eso del amor al arte, no es tan cierto eso de la vocación…” tal como lo dirían Los Prisioneros por la década de los 80 “quieren dinero”. Hoy, las manifestaciones públicas han llegado a su máxima expresión y miles de personas han dado a conocer un descontento social generalizado en donde los políticos son una excusa y los hechos a través del tiempo hablan por sí solos: Chile, arrastra problemáticas sociales, culturales e identitarias hace décadas. La educación, la descentralización, la rentabilidad del cobre, el problema energético, las políticas medioambientales, el descontento salarial frente a miembros de una empresa estatal o pública, el malestar de los usuarios al demandar un servicio público burocrático, ineficiente, demoroso y finalmente inservible que no contempla términos de derechos ni deberes, sino más bien prescinden de ello y terminar lucrando sin más. Pero ¿cuál es la disyuntiva que enfrentamos? acaso es ¿el cómo se están llevando a cabo las prácticas para con la sociedad? o ¿Cuánto dinero es lo que está en jaque? Y si la educación se torna gratuita, vivimos de un país igualitario sin distinción alguna, seguimos dependiendo de otros países en materia energética asumiendo las consecuencias que esto traería y equiparamos los sueldos entre un Ingeniero y un obrero, se imaginan? Muchos de quiénes protestaron hoy, 30 de Junio del 2011 se abstraerían de asistir a la marcha, ni siquiera se molestarían. Al parecer, el amplio colectivo no se manifestó dando a conocer un descontento político, ideológico o emocional, sino más bien reflejando un malestar económico: o les duele el bolsillo o quieren más platita. Entonces me pregunto ¿Nos estamos matando unos a otros por un mísero porcentaje? “El doctor no sale de su casa para sanar (…) somos esclavos de los pesos (…)  sólo algo deja bien a casi todo el mundo: quieren dinero…” Seamos realistas y pidamos lo imposible.

30-06-2011

“Es mentira eso del amor al arte, no es tan cierto eso de la vocación…” tal como lo dirían Los Prisioneros por la década de los 80 “quieren dinero”.

Hoy, las manifestaciones públicas han llegado a su máxima expresión y miles de personas han dado a conocer un descontento social generalizado en donde los políticos son una excusa y los hechos a través del tiempo hablan por sí solos: Chile, arrastra problemáticas sociales, culturales e identitarias hace décadas.

La educación, la descentralización, la rentabilidad del cobre, el problema energético, las políticas medioambientales, el descontento salarial frente a miembros de una empresa estatal o pública, el malestar de los usuarios al demandar un servicio público burocrático, ineficiente, demoroso y finalmente inservible que no contempla términos de derechos ni deberes, sino más bien prescinden de ello y terminar lucrando sin más.

Pero ¿cuál es la disyuntiva que enfrentamos? acaso es ¿el cómo se están llevando a cabo las prácticas para con la sociedad? o ¿Cuánto dinero es lo que está en jaque? Y si la educación se torna gratuita, vivimos de un país igualitario sin distinción alguna, seguimos dependiendo de otros países en materia energética asumiendo las consecuencias que esto traería y equiparamos los sueldos entre un Ingeniero y un obrero, se imaginan?

Muchos de quiénes protestaron hoy, 30 de Junio del 2011 se abstraerían de asistir a la marcha, ni siquiera se molestarían.

Al parecer, el amplio colectivo no se manifestó dando a conocer un descontento político, ideológico o emocional, sino más bien reflejando un malestar económico: o les duele el bolsillo o quieren más platita.

Entonces me pregunto ¿Nos estamos matando unos a otros por un mísero porcentaje?

“El doctor no sale de su casa para sanar (…) somos esclavos de los pesos (…)  sólo algo deja bien a casi todo el mundo: quieren dinero…”

Seamos realistas y pidamos lo imposible.

VEREDICTO En qué momento nos volvemos Dios para culpar o enjuiciar sin más a terceros por sus acciones? De qué manera lo enfrentamos si jamás hemos estado en sus zapatos, bajo presión o agobiados? Nos hacemos acreedores de una verdad absoluta prescindiendo de la subjetividad de las acciones y de las experiencias respectivas. Confíamos plenamente en nuestra verdad, en esa que es del todo cuestionable, influenciada y carente de escencia… El sentido lo vamos dando de a poco, en cuanto forjamos la imagen de “ideal”… Basura! Un representación vaga de lo que creémos cierto, una idea estúpida por la cual estamos dispuestos a correr riesgos sin más. Objetivos sin finalidades claras. Que ilusos. Creer o no creer, he ahí el dilema. Ser o no ser tal como lo planteó Shakespiare. Yo quiero creer y debo ser por escencia…

VEREDICTO

En qué momento nos volvemos Dios para culpar o enjuiciar sin más a terceros por sus acciones? De qué manera lo enfrentamos si jamás hemos estado en sus zapatos, bajo presión o agobiados?

Nos hacemos acreedores de una verdad absoluta prescindiendo de la subjetividad de las acciones y de las experiencias respectivas.

Confíamos plenamente en nuestra verdad, en esa que es del todo cuestionable, influenciada y carente de escencia… El sentido lo vamos dando de a poco, en cuanto forjamos la imagen de “ideal”… Basura!

Un representación vaga de lo que creémos cierto, una idea estúpida por la cual estamos dispuestos a correr riesgos sin más. Objetivos sin finalidades claras.

Que ilusos.

Creer o no creer, he ahí el dilema. Ser o no ser tal como lo planteó Shakespiare.

Yo quiero creer y debo ser por escencia…

La mierda es bella. Y es que esperar algo de terceros siempre duele, algo leí por ahí. Es entonces en cuanto te das cuenta de que has vivido, que has experimentado en su punto máximo las emociones que te alimentan día a día y acompañan para seguir con vida en este mundo que cada día tiene menos consciencia de los valores agregados que poseen las cosas por sí olas. No lo material ni lo tangible sino más bien lo ininteligible, aquello que no podemos palpar, gustar si quiera sentir. Es aquello por lo que muchos han muerto y han entregado sus vidas… el valor de lo invalorable, eso que existe en tus más profundos anhelos. Hay algunos que no están dispuestos a perder porque gustan de ganar, sin embargo y sin darse cuenta, pierden lo que más quieren, eso que no se atreven a contárselo ni a su sombra, algo que pudiste haber compartido con ese alguien y que hoy ya no está. Una vez, escribí… “sigo aquí” y no así, jamás escribieron un lo siento, un te quiero, un te extraño. Falsos sentimientos que inundan este mundo de toda la mierda por la cual nos rodeamos, mierda que por cierto, no podemos ignorar… gracias a la mierda estamos vivos. Como diría House… “Todos mienten” y esta vez yo, no seré la excepción.

La mierda es bella.

Y es que esperar algo de terceros siempre duele, algo leí por ahí.

Es entonces en cuanto te das cuenta de que has vivido, que has experimentado en su punto máximo las emociones que te alimentan día a día y acompañan para seguir con vida en este mundo que cada día tiene menos consciencia de los valores agregados que poseen las cosas por sí olas. No lo material ni lo tangible sino más bien lo ininteligible, aquello que no podemos palpar, gustar si quiera sentir.

Es aquello por lo que muchos han muerto y han entregado sus vidas… el valor de lo invalorable, eso que existe en tus más profundos anhelos.

Hay algunos que no están dispuestos a perder porque gustan de ganar, sin embargo y sin darse cuenta, pierden lo que más quieren, eso que no se atreven a contárselo ni a su sombra, algo que pudiste haber compartido con ese alguien y que hoy ya no está.

Una vez, escribí… “sigo aquí” y no así, jamás escribieron un lo siento, un te quiero, un te extraño.

Falsos sentimientos que inundan este mundo de toda la mierda por la cual nos rodeamos, mierda que por cierto, no podemos ignorar… gracias a la mierda estamos vivos.

Como diría House… “Todos mienten” y esta vez yo, no seré la excepción.

Amigo es… Como diría Garfield "Amigo es...cuando el mundo se te viene encima, tus amigos estarán ahi siempre que los necesites" o tal como lo plasmarían los Enanitos Verdes "un amigo es una luz brillando en la oscuridad" y entre tantos otros autores; pero ¿qué hay de cierto en ello? Mucho, y es que los personajes en cuestión llegan a tu vida como completos desconocidos y de pronto, se tornan imprescindibles, se vuelven tus hermanos y están ahí en cuanto más lo necesitas, al menos eso dicen. Los amigos son como la familia, están trás cada caída e intentan ponerte de pie. Te hacen saber si algo anda mal, no se vuelven si cometiste un error perdonable porque te ayudan a ser mejor persona, te construyen y no te destruyen, están contigo en las buenas y en las malas, te aceptan tal y como eres, y cuando actúas de mala manera tratan de corregir aquellos detalles que marcan la diferencia. Tú estás dispuesto a mejorar esas falencias, te tornas más comprensivo, tolerante, respetuoso y escuchas aquellas críticas que te servirán para crecer como persona. Actúas con ellos, incluso mejor que con tu familia porque el temor a perderlos, es latente. Este último tiempo aprendí a valorar lo que se tiene, a cuidarlo y atesorar en mi alma, las cosas que sí importan. Aprendí que las personas se pueden volver perfectos desconocidos, que la decepción está a la vuelta de la esquina y que tus defectos pesan más que tus virtudes. Comprendí que no importa dar lo mejor de sí, que a veces las cosas simplemente no funcionan y debes dejarlas ir. Entendí que las cosas cambian y que nada volverá a ser lo que fue. Asumí que todo es pasajero y nada es para siempre. Tal como versó Gregg Levoy "Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales, mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y de mí depende..."

Amigo es…

Como diría Garfield "Amigo es...cuando el mundo se te viene encima, tus amigos estarán 
ahi siempre que los necesites" o tal como lo plasmarían los Enanitos Verdes "un amigo es
una luz brillando en la oscuridad" y entre tantos otros autores; pero ¿qué hay de cierto
en ello?
Mucho, y es que los personajes en cuestión llegan a tu vida como completos desconocidos
y de pronto, se tornan imprescindibles, se vuelven tus hermanos y están ahí en cuanto
más lo necesitas, al menos eso dicen.

Los amigos son como la familia, están trás cada caída e intentan ponerte de pie. Te hacen
saber si algo anda mal, no se vuelven si cometiste un error perdonable porque te ayudan
a ser mejor persona, te construyen y no te destruyen, están contigo en las buenas y
en las malas, te aceptan tal y como eres, y cuando actúas de mala manera tratan de
corregir aquellos detalles que marcan la diferencia.
Tú estás dispuesto a mejorar esas falencias, te tornas más comprensivo, tolerante,
respetuoso y escuchas aquellas críticas que te servirán para crecer como persona.
Actúas con ellos, incluso mejor que con tu familia porque el temor a perderlos, es latente.

Este último tiempo aprendí a valorar lo que se tiene, a cuidarlo y atesorar en mi alma,
las cosas que sí importan. Aprendí que las personas se pueden volver perfectos
desconocidos, que la decepción está a la vuelta de la esquina y que tus defectos pesan
más que tus virtudes. Comprendí que no importa dar lo mejor de sí, que a veces las
cosas simplemente no funcionan y debes dejarlas ir. Entendí que las cosas cambian y que
nada volverá a ser lo que fue. Asumí que todo es pasajero y nada es para siempre.

Tal como versó Gregg Levoy "Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales,
mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y de mí depende..."



Caminos Caminos que llevan a un rumbo desigual plagados de recuerdos y nostalgias. Amores y desamores esperando renacer en una tarde finita, incierta, imperecedera. Inserto en medio de la nada con vida y algo más. La pampa invita a fallecer entre sus brazos, entonces te quedas, desesperas y observas la vida pasar frente a tus ojos, ante tus más amargos anhelos. La lluvia recorría mi cuerpo al son del más inmenso silencio, al andar de mis pasos, al ritmo de mi cuerpo, al compás de tus latidos. Instantes amenos acaecen por estos días, vidas pasadas que descubren ciertos ocasos ensimismados carentes de aliento, pero que sin embargo rebosan pasión, locura y algo más. Saboreando aquel vino que se entremezcló con tus labios, con los mismos que gustaron el besar del desamor. Enconos soterrados que palpan la bendita desgracia ante aquella noche que jamás soñaste. De pronto converges en dejar todo atrás, nada importa ya. El adiós de nuestros cuerpos esperan reencontrarse, en otros brazos, en otra vida…

Caminos

Caminos que llevan a un rumbo desigual plagados de recuerdos y nostalgias. Amores y desamores esperando renacer en una tarde finita, incierta, imperecedera.

Inserto en medio de la nada con vida y algo más. La pampa invita a fallecer entre sus brazos, entonces te quedas, desesperas y observas la vida pasar frente a tus ojos, ante tus más amargos anhelos.

La lluvia recorría mi cuerpo al son del más inmenso silencio, al andar de mis pasos, al ritmo de mi cuerpo, al compás de tus latidos.

Instantes amenos acaecen por estos días, vidas pasadas que descubren ciertos ocasos ensimismados carentes de aliento, pero que sin embargo rebosan pasión, locura y algo más.

Saboreando aquel vino que se entremezcló con tus labios, con los mismos que gustaron el besar del desamor.

Enconos soterrados que palpan la bendita desgracia ante aquella noche que jamás soñaste. De pronto converges en dejar todo atrás, nada importa ya.

El adiós de nuestros cuerpos esperan reencontrarse, en otros brazos, en otra vida…